“Lugares” y “no lugares”.

El antropólogo y etnólogo francés Marc Augé acuñó el término “no lugar” para referirse a los lugares de transitoriedad que no tienen suficiente importancia para ser considerados como “lugares”. Así ponía como ejemplos una autopista, una habitación de hotel, un aeropuerto, o un supermercado, con los que la persona no tiene otro vínculo que el plástico de su DNI o su tarjeta de crédito.

Entendemos entonces que un “no lugar” es un espacio con el que la persona no establece vínculo emotivo alguno, un lugar de tránsito, de no permanencia, o de permanencia sin carga emocional.

Reflexionando sobre ello podemos pensar que, lo que para muchas personas puede ser un”no lugar”, para otras  puede representar un “lugar”, así como que lo que hasta un momento podía ser para alguien un “no lugar”, pueda transformarse en un “lugar” a partir de cierto hecho.

En principio, como ejemplos de “no lugares”, podemos mencionar distintos espacios de paso como puedan ser calles, carreteras, ascensores, pasillos, estaciones o aeropuertos…

 

Pero, como hemos comentado antes, estos espacios pueden convertirse en “lugares” para alguien a partir de cierto suceso con carga emotiva.

 

El “lugar” y el “no lugar” se pueden complementar formando un todo, puede que los límites de uno terminen donde comienzan los del otro, o incluso que los itinerarios de los individuos se crucen ignorándose.

Reflexionando sobre estos conceptos y aplicándolos al diseño de interiores en vivienda podemos clasificar  distintos espacios como “lugares” o “no lugares”, si bien es cierto que, como ya hemos comentado, un espacio puede tener carga emotiva para un individuo y carecer de ella para otro. Consideramos que podemos clasificar como “lugares” las estancias dedicadas a las relaciones personales (salón, comedor, cocina, porche…) y a la privacidad (dormitorios), y como “no lugares” a espacios de tránsito o sin carga emotiva, como un distribuidor, un cuarto de aseo o de lavandería, un garaje…

No obstante consideramos que el diseño de interiores puede contribuir a la interacción entre el espacio y el individuo, convirtiendo posibles “no lugares” en “lugares” mediante sensaciones, por ello es de gran importancia utilizar el diseño para crear espacios funcionales, sensoriales y emotivos.

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